TEMA
La
Oda a una
urna griega trata sobre el poder inmortalizador de la belleza,
manifestado en las producciones artísticas que fueron capaces de elaborar los
antiguos griegos.
Keats parte de una urna para meditar sobre
su naturaleza mortal frente a la inmortalidad del arte. Al contemplarla
aparecen sus reflexiones acerca de la mortalidad, además de la relación entre
la poesía y el arte. Utilizando la técnica clásica de Ut pictura poesis: tópico que recrea las reflexiones críticas sobre
la poesía y sobre la pintura. Desde que Horacio pronunció en la Epístola a los Pisones su célebre verso
"ut pictura poesis"[1] (como la pintura así es la
poesía), muchos han sido los críticos que han cuestionado la posibilidad de
unir pintura y poesía.
Keats
contempla la obra de arte representada en la urna y deriva de ella un tema de
meditación, que es el de siempre: el dilema entre aceptar el estado temporal o la esperanza de escapar de él.
El
núcleo de esta oda es, sin embargo, la
muerte, en tanto que Keats es consciente de que las urnas a las que su oda
se refiere sirven para contener las cenizas de los muertos. Pero es también, al
mismo tiempo, una meditación sobre la
estética.
Hasta
cinco interpretaciones distintas han ofrecido los críticos de estos dos versos
que cierran el poema:
@ Ambos
versos son dichos por la urna a la humanidad.
@ Ambos
versos son dichos por el poeta.
@ Ambos
versos son dichos por el poeta a las figuras que aparecen en la urna.
@ La
frase «La belleza es verdad, y la verdad belleza» es dicha por la urna, y el
resto por el poeta que se dirige a sus lectores.
La frase «La belleza es verdad, y la verdad belleza» es dicha por la
urna, y el resto por el poeta que se dirige no a sus lectores, sino a la
humanidad.


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